La Confesión
Un espacio inventado por Jesús en el que podemos abrirnos sin máscaras, sabiendo que Dios nos acepta como somos, y descargar en su corazón todo lo que nos pesa.
Después de cualquier misa
Si es una confesión breve, acercate al sacerdote al terminar cualquier misa. Si necesitás más tiempo, coordiná un horario por WhatsApp.
Mano a mano con Dios
En la confesión podemos agradecerle, pedirle, revisar qué hicimos bien, o qué bien nos regaló Dios a través de los demás, de la naturaleza, de la vida misma.
Primero lo hacemos mano a mano con Dios, en oración. Y después lo completamos pidiendo perdón a través de un sacerdote, tanto a Dios como a todos los que lastimamos con nuestro pecado.
Examen de conciencia
Dos modelos para preparar la confesión.
La pausa diaria
Un examen breve para hacer cada noche, en seis pasos.
- 1
Me voy relajando, acallando el ruido interior y tomando conciencia de que voy a hablar con Alguien que me acompaña.
- 2
Pido luz, ser lúcido, intentando vivir en transparencia: «sin el misterio de la luz la vida completa se vuelve laberinto».
- 3
«¿Por dónde pasa mi Señor?». Recorro la jornada, viendo las pequeñas o grandes presencias de Dios en las personas, en los sucesos, en los sentimientos, en las lecturas o en el trabajo bien realizado.
- 4
Doy gracias, reconociendo tanto bien recibido y el bien que pude realizar durante este día.
- 5
Pido perdón por todo lo ambiguo, erróneo, dañino o negativo que haya podido hacer.
- 6
«Señor, ¿qué querés que haga?». Pienso en cómo espera el Señor que actúe mañana.